Pasos Lectio divina:
Statio
1. Preparación
Cuando hay un carro estacionado, está detenido, ha dejado de rodar y después habrá que reemprender la marcha.
Si estamos en una estación del metro, el tren o camión, estamos a la espera del transporte que tomaremos para ir a un lugar.
Statio tiene este significado.
Implica hacer un alto en las actividades regulares para emprender otra ruta, el camino de la lectura orante de la Palabra de Dios.
Para prepararse a la Lectio es necesario tomar el tiempo para entrar en el ambiente espiritual necesario para escuchar la Palabra con atención.
Lo hacemos:
• Buscando un sitio y el tiempo para estar en paz y en silencio;
toda persona que nos busca de verdad, los encuentra, con mayor o menor frecuencia.
Puede ser una capilla, el aposento de uno, la sala de la casa, el jardín... la naturaleza, muy temprano... ya noche... ante el Santísimo o ante el altar familiar...
• Disponiendo nuestro cuerpo para lo que vamos a hacer, entrando en quietud,
sentándonos de manera cómoda, en una postura reverente.
• Liberando nuestra mente y corazón de las preocupaciones de la vida diaria.
Dos medios buenos para lograrlo son: hacer ejercicios respiratorios de relajamiento y beber agua como un gesto simbólico de que está limpiando nuestro ser de cualquier cuestión que nos puede distraer del proceso de la Lectio divina.
Cuando ya se está listo, los cinco pasos pueden empezar.
• Tomando la Biblia en nuestras manos, como si fuera un tesoro,
abrazándola con cariño y besándola con amor a la Palabra contenida en ella.
Al hacer estos gestos unimos nuestro cuerpo y nuestra mente,
nuestra corporeidad y nuestra interioridad con la historia sagrada revelada en estas páginas, que nos hablan a cada uno de nosotros.
• Orando por la luz y los dones del Espíritu Santo:
La luz para ver la vida con la mirada de Dios que nos brindará su Palabra;
los dones —entendimiento, sabiduría, consejo, fortaleza...— para abrirse a la Palabra de Dios y responder a ella de modo que la vida se convierta en oración en la acción, al encarnar en ella la Palabra.
• Pidiendo a María que nos acompañe y nos ayude a adquirir sus actitudes de escucha a la Palabra,
de humildad ante el mensaje de Dios,
de acogida a la sabiduría de Dios,
de sencillez y generosidad en nuestra respuesta.
• Creando un silencio interior que recoge y pone en contacto todo nuestro ser con el Espíritu de Dios, que habita en nosotros,
pues es Él quien nos pone en contacto directo con Dios a través de su Palabra.
Necesitamos tener “la casa sosegada”, para poder sintonizarnos con el querer de Dios y ponernos en la misma onda.
Es un silencio que nos aísla del entorno y que nos desprende del ruido de nuestros sentimientos y pensamientos.
San Juan de la Cruz, en sus versos en la Noche oscura, describía este silencio diciendo:
“Salí sin ser notado, estando ya mi casa sosegada”.
En su Cántico espiritual lo decía así:
“La noche sosegada, la música callada, la soledad sonora, la cena que recrea y enamora...
Porque habrá cena.
Él está a la puerta y llama:
‘Si alguno oye mi voz y me abre, entraré en mi casa, y cenaremos juntos’ (Ap 3, 20)’”.