Ven Señor de las altas montañas
VEN SEÑOR DE LAS ALTAS MONTAÑAS
Ven, Señor de las altas montañas,
Ven, Señor de los mares profundos, ven.
Devuélvele el alma a tu pueblo, ven.
Devuelve la vida a este mundo.
Bienvenido Señor a esta tierra,
que fue copia fiel del Edén.
Hoy te abrimos la puerta por dentro,
ven y alumbra en nosotros el bien.
Bienvenido, Señor, a esta casa,
quédate cuanto quieras estar
y los padres, los hijos, los nietos
sentirán el calor del hogar.
Nos desalma la desesperanza,
nos vacía la falta de fe;
no hay hermano que atienda al hermano,
no hay la copa que apague esta sed.
Pero Tú que bajaste a los infiernos,
abrazando muerte y la cruz,
volverás a sanar a tu gente,
barrerás la maldad con tu luz.
Nos confunden los falsos reflejos,
los alardes de un mundo mejor;
nos confunden el cuerpo y el alma,
nos congela la ausencia de amor.
Pero Tú bajarás de lo alto,
andarás sobre el mar otra vez.
Resucita a este mundo que muere,
como a Lázaro, ponlo de pie.